Y esto es cada sexenio: «Cuando las elecciones nos alcancen»

Aún tengo recuerdos borrosos del cambio. La verdad, con mis apenas 13 años, la política seguía siendo un enigma, pero recuerdo muy bien ir en el coche familiar después de que se anunció que Fox había llegado la presidencia.

El PRI estaba fuera de Los Pinos y aunque no lo entendía, un ambiente festivo llenaba el aire. Se sentía.

Recuerdo muy bien un momento en el que en el auto de al lado unos chavos de no más de 20 años volteavan y hacían una V con sus dedos. La victoria había sido contundente y la gente celebraba que, por primera vez, su voto había hecho un cambio.

Un cambio que se nos quedó a deber en un gobierno que parecieron seis años de un sketch gigantesco de Adal Ramones, pero un cambio, a final de cuentas. Quizás tendríamos más suerte a la próxima.

Seis años después todo había sido distinto. El «loco» Andrés Manuel se había lanzado como candidato por el PRD, el gris Felipe Calderón como el candidato del PAN, Patricia Mercado por el PSD y supongo que alguien más por el PRI (no se crean, fue el corrupto gris y tramposo de Madrazo).
Era la primera vez que votaba y sabía que tenía que pensarlo. En mis manos estaba el futuro de la nación.

En los seis años pasados había pasado de ser un púber a ser un «adulto» que iba a tener la responsabilidad de elegir quién estaría a la cabeza del gobierno por los próximos seis años.

A final de cuentas voté por la alternativa que me pareció mejor: le di mi voto a Patricia Mercado. La verdad no se lo dije a nadie, de hecho dudo que alguien me haya preguntado. Como todos sabemos ganó (?) Calderón y yo, como buen joven desinteresado de la política y hasta cierto punto irresponsable, no cuestioné lo que había pasado.

Recuerdo ver los resultados de las elecciones y no prestar mucha atención. Suponía (gracias a la burbuja rosa que es la clase media lagunera) que Calderón ganaría, así que no me sorprendió el resultado. De Andrés Manuel sólo sabía lo que decían todos, que era un alborotador, un tipo que tenía malas calificaciones en la universidad y que quería un voto por voto. Poco más.

Había vivido en el DF el año anterior a las elecciones, trabajé como voluntario con niños de la calle y no tenía ni siqiuera radio o televisión y la verdad ponía muy poca atención al panorama político. Mi concentración estaba casi totalmente al trabajo que hacía. No sé si fue bueno o fue malo, pero así fue. Quizás debí haber visto las señales.

¿Cuales?

Veía a la gente gritar, veía a la gente exigir. Debo confesar que más de una vez me harté de oír a jóvenes mujeres y niños gritar «Es un honor estar con Obrador». No quería saber nada del tal señor López y por lo visto la democracia había hecho que así fuera. Pero muchos decían que algo había pasado, que algo había estado mal.

¿O no?

No sé. No tengo certeza en cuanto a si hubo fraude o no en esas elecciones. Pero lo que sí recuerdo muy bien es todo lo que pasó después.
Por azares del destino había vuelto al DF y durante otro año viví allá. Un año después de las elecciones: el año en que empezó verdaderamente la política de la Guerra Contra el Narco de Calderón.

Viví en la capital y otra vez el ritmo de la ciudad me consumía. Despertaba a las cinco o seis para ir a trabajar, después ir a la escuela y regresar en la noche a la casa, tratar de descansar y hacer tarea y seguir. El poco tiempo libre que tenía prefería disfrutarlo, egoístamente, en cosas que fueran más placenteras que la política.

Pero oía más de AMLO, sabía más de él y, de una u otra manera, me daba cuenta que quizás lo que había escuchado no era del todo real. No sé, no quiero pensar que en algún momento me dejé llevar por los medios, pero quizás sí. Quizás no sea un manipulador que le daba cosas a los pobres para que votaran por él, quizás no era un peligro para México. Quizás, quizás, quizás.

Y es que es difícil hacer un autoexamen y preguntarnos «¿por qué pienso lo que pienso? ¿qué me llevó a pensar así?». Pero es un buen ejercicio que debemos hacer seguido.

El tiempo pasó, regresé a Torreón y lo que viví es indescriptible, pero fue el pan de cada día para muchos mexicanos que también sufrieron el estragos de una fallida estrategia contra el narco que comenzó con el escape del narcotraficante más grande de México y parece terminar -con broche de oro- con el supuesto arresto de un hijo del mismo, que resultó no ser.

En Torreón, como en muchas otras ciudades, la situación pegó fuerte. Quizás no al principio, porque estar en nuestra burbuja rosa clasemediera nos podría mantener tranquilos, pero, tan siquiera para mi, hubo un antes y un después del atentado contra Carlos Herrera Araluce, conocido político y empresario (y con supuestos nexos con el narcotráfico que son por todos conocidos pero por nadie platicados) de la vecina ciudad de Gómez Palacio.

Recuerdo que ese día fui a comprar leche a la tienda «de la esquina» más cercana y llegó un fotógrafó de un periódico regional y platicó eso con el dueño de la tienda, después me miró como de reojo y dijo al aire «esto se va a poner canijo, de mi se acuerdan, ya no va a estar igual».

Y sí, tuvo razón.

Descontrol, inseguridad, secuestros, robos, extorsiones, asesinatos, decapitados, sangre, desconfianza. Así se vivía en Torreón, no era raro escuchar granadazos, balaceras o cosas de ese estilo. Hubo una temporada en que incluso sucedía una vez a la semana -si bien nos iba-; no hay que decir que la gente prácticamente dejó de salir de noche, muchos negocios quebraron.

Y no; no quiero que me digan que no es culpa de Calderón y su política de (in)seguridad. No mames, no quiero que me salga con lo mismo que me salió José Lopez Porpillo: «Soy responsable del timón, pero no de la tormenta». Que asuma que su estrategia ha dejado más sangre que resultados.

Y sí, muchos dirán «pero destapó la cloaca», «nadie más se hubiera aventado», «hizo bien, él sí está contra el crimen», pero ¿saben qué? hay muchas maneras de combatir al crimen organizado y no sé si nos ha quedado claro que su estrategia no funciona. Primero hay que limpiar las instituciones, desde las instituciones educativas hasta las encargadas de la seguridad, para poder empezar a combatir algo de esa magnitud, si no el problema se replicará dentro de lo mismo que quieres combatir. Si no se combate desde la raíz ¿cómo se espera que el problema no siga creciendo?

Creo que el gran fallo de Calderón fue combatir los síntomas (sacando al ejército a las calles para traer de nuevo la «seguridad»), tratando de compatir algunaz causas pero no combatiendo la raíz del problema, que en gran parte está en todos nosotros.

Así que yo ya me cansé de una política que a todas luces no está dando frutos y por lo visto no los dará en un futuro.

Y que bien, porque el próximo primero de enero toca cambio de gobierno y este domingo toca votar.

De seguro ya saben a dónde voy: por quién voy a votar.

Peña Nieto representa un Jurassic Park que ha vuelto a la vida, maquillado y con teleprompter. A mi no me engaña y siento que a la mayoría de mis amistades tampoco, auqnque estoy seguro de que quizás algunos de los que lean esto votarán por EPN porque ya les prometieron un hueso. Una verdadera lástima, porque no hay ni un millón de huesos (lo siento, es su reality check). No, yo creo tener el suficiente criterio y conocimientos de historia para no votar por el PRI.

Josefina representa todo lo que representa Felipe Calderón, incluso hace momentos acaba de anunciar que lo piensa invitar como Procurador de Justicia. Así que no, no será Josefina. Creo haber vivido en primera fila los estragos de la estrategia que su partido piensa seguir y no me gustó, así que no vy a votar por el PAN.

De Quad(o)i ni hablar. No voy a votar por alguien que representa a un partido fundado por un monumento (si los monumentos fueran horribles, con cientos de cirugías plásticas y además tuvieran el CI de una berenjena) a la corrupción sindical como es Elba Esther Gordillo. Así que, podrás prometer lo que sea, Quadri, pero yo no me creo ni la mitad de lo que dices y no voy a votar por Nueva (?) Alianza.

Ay Peje, sólo quedas tú. Un alborotador que se autonombró presidente de su «gobierno legítimo» (algo parecido a lo que hizo Clouthier con su «gabinete alternativo» en el 89) pero que ha sido nombrado el segundo mejor alcalde del mundo. Un tipo que tardó 14 años en terminar bien su carrera (con un promedio de 7.72) pero que apoya una reforma educativa y social y a su vez es apoyado por mucha gente que considero admirable intelectualmente. Un tipo que muchos consideran peligrosamente terco pero que en su gabinete tiene a Ebrard (nombrado mejor alcalde del mundo), Juan Ramón de la Fuente y muchas otras verdaderas estrellas en sus campos.

Un hombre y un partido de contrastes. Pero que a final de cuentas puede ofrecernos una nueva manera de hacer las cosas. No sé si sea muy joven y me haya hartado con 12 años de gobierno «del cambio» (que sigo esperando ver), pero no creo tener que esperar 70 años a PAN y ***ga (y me informan que ya se acabó el PAN) para reaccionar. No quiero que vuelva a la vida un partido que debería estar muerto y olvidado como es el PRI (Partido de los Rateros Incansables, Pertido de la Repetición Infinita, Puros Robos Increíbles…).

No sé a ciencia cierta cómo gobernará, pero no hay democracia sin algo de incertidumbre. Sé que el PRD es un partido en el que hay muchos ex priístas, pero dicen que es de sabios cambiar de opinión (a menos de que seas Fox); aún así creo que la «izquierda» (que no sé si llamarla así, porque no la considero tal) puede ofrecer una nueva manera de hacer las cosas, un nuevo contrato social que puede hacer un (ya cansino) «cambio».

Como les digo, no sé si Andrés Manuel en realidad lo pueda hacer. es verdad. No lo sé a ciencia cierta. Pero sé que los otras opciones no podrían. Y siento que lo va a intentar.

No sé si sea un cambio verdadero, pero sé que será distinto y creo que vale la pena arriesgarse. Yo voy a echar los dados y voy a votar por Andrés Manuel, la persona que considero que puede (o tan siquiera intentará) volver a concretar un contrato social nuevo para el país.
Y nunca (en serio nunca) pensé que lo hubiera hecho.

Pero aquí me ven.

Yo con AMLO.

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