
Imagen gracias a Joe Penniston
Había una vez una princesa que todos los dias veía a través de su espejo mágico… este era un espejo muy especial ya que le permitía comunicarse con mucha gente y de muy distintas maneras… aunque no era tan fácil de usar.
Ella era una princesa hermosa, bellísima. Además, su belleza interior era sólo equiparable con su belleza física. Más de un principe suspiraba al verla pasar, y toda la gente lo sabía, incluso desde otros reinos los principes iban a admirar su belleza.
Pero chicos, esta no era un princesa común y corriente; de hecho, era muy distinta a las otras princesas, ya que sabía mucho de todas las ciencias que normalmente permaneces ocultas a las princesas, como las matemáticas, la historia, la astrología, la numerología, la gastronomía, la magia… en fin; era una princesa como ningún otra, disfrutaba viendo las justas, leyendo y usando su espejo mágico para bien, y por qué no, para aprender un poco más.
La princesa era muy feliz; tenía todo lo que una princesa podría querer, tenía su gatito, su familia, sus estudios… en fin era la princesa más feliz del mundo. Incluso tenía su príncipe azul, que todos los días iba a visitarla, a hablar con ella y hacerla feliz.
Su vida era buena, y ella lo sabía.
Hasta que un día pasó algo inesperado, ella usó el espejo mágico para ver más alla de su reino, a un reino distante que no conocía y del cual quedo fascinada.
Mientras veía ese reino a través del espejo, ella encontró a un personaje muy curioso que la miraba en su propio espejo mágico; era un pequeño aprendiz de mago. Se miraron a los ojos y vieron lo distintos (y parecidos) que eran, no hablaron, sólo observaron; hasta que llegó el principe azul, y la princesa fue con él, pensando en la extraña imagen que había visto.
La primera ves que lo vió ella no sabía que pensar; era un personaje inusual, como ninguno en su reino. Y no sólo por las ropas que vestía (que no es poco decir), ni por su extraña apariencia. Era algo que no había visto jamás. Y la princesa pensaba en esa persona tan inusual.
Y qué decir del aprendiz. Él nunca había había visto belleza así, y quedó sorprendido desde el primer momento. No pudo ni hablar ni comer por días y todos pensaron que había caído enfermo.
Pasaron los días y se volvieron a encontrar con sus espejos mágicos. Esta vez se miraron un rato, se vieron fijamente y nada pasaba, hasta que la princesa dijo:
-¡Hola!-
-¡Rayos! esta princes sabe hablar- dijo sorprendido el aprendiz.
Después de las debidas presentaciones, los dos no atinaron otra cosa que hacer, más que hablar. Y hablaron, y hablaron por horas, se dieron cuenta que a los dos les gustaban las matemáticas, la historia, la astrología, la numerología, la gastronomía, la magia… en fin, hasta se dieron cuenta de que sus espejos usaban el mismo tipo de magia para funcionar. Al parecer eran más parecidos de lo que esperaban, y disfrutaban de pasar tiempo platicando con el otro frente al espejo.
Así pasaron días, hasta que…
CONTINUARÁ… (?)